
No escribo para nadie. Escribo para mí. Escribo desaforadamente, con desesperación. Escribo como hablando a una pared. Escribo contra toda esperanza. Escribo porque lo necesito. Escribo apuñalando este papel virtual. Escribo masticando las palabras y escupiendo rabia.
No intento ser original. No quiero ser creativa. Ni siquiera soy prudente. ¿Cómo serlo cuando se nos desgarra el alma?
Hay muchos matices para ese sentimiento universal que es el amor. Yo soy un ser que ama. Y debería ser feliz por esa simple razón. Ser capaz de amar plenamente, incondicionalmente, sin fisuras debería ser motivo de orgullo, casi.
El problema reside dónde deposito mi objeto de amor. Dónde quiero volcar toda esa catarata de sentimientos, porque siempre elijo el lugar equivocado. Los resultados me lo demuestran. Aunque suene horrible hablar de “resultados” en estos temas.
¿Para qué golpear la puerta de quien nunca habitó esa casa?
¿Para qué esperar el eco en donde no existe resonancia?
¿Por qué no querer ver lo que hasta los ciegos perciben?
Lógica y corazón nunca se amigan.
Te amo. Te amé. Seguramente te seguiré amando mañana.
Listo. Me doy por vencida en esta batalla estéril.
Me gusta mucho tu blog!
ResponderEliminarte sigo sigueme :D
precioso. eres toda corazon
ResponderEliminar